El humilde gazpacho, sabor de todos los campos de Al Andalus y saber destilado por Séneca en la profundidad de sus austeros pensamientos latinos...
La Helios romana y la Córdoba árabe tuvieron que esperar siglos a que tres cascarones de nuez con velas se decidieran a partir más allá de la Columnas de Hércules en busca del tomate, el rojo oro del paladar humano.
Creo que cualquiera sabe distinguir una pintura de un mosaico. y ¿por qué a un puré de tomate con diversos sabores encerrado en un recipiente colorido se le denomina gazpacho?
La cocina es una Alquimia y os voy a enseñar a trasmutar la sed en gustoso frescor, y no se necesita ningún tipo de aparato o energía adiccional sino es un cuchillo o una navaja bien afilados - la gran oficina, que es el estómago, en palabras de Cervantes, ya se encargará de realizar las transmutaciones pertinentes-, veamos:
El agua debe ser fresca y abundante...
El tomate, la cebolla, el pimiento verde y el pepino (el gran mago fálico del experimento) cortados en pequeños paralelepípedos no mayores al tamaño del diminuto guisante de los cuentos nórdicos... A quien guste de sabores fuertes un poco de ajo bien desmenuzado.
Los ingredientes sólidos deben nadar a sus anchas pero arrimados como buenos colegas en ese estanque en el que caerán a chorros el aceite de oliva, a goteo la vinagre, a pellizcos la sal y con medida los cominos... y se irá removiendo mientras el Alquimista recita una plegaría o canturrea alguna copla culta del Camarón.
Una vez en la taza ya pondrá el pan (a ser posible duro, y si no de cantero) a su gusto el comensal y le añadirá hielo si el frescor todavía no es de su agrado.
Buen provecho !!!

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